Ni todos los lugares turísticos de México son bonitos –que hay algunas ciudades junto a ruinas mayas que…–, ni todos los sitios bonitos son turísticos. Esto último es lo que sucede con Maní, un precioso pueblo del estado de Yucatán que es poco conocido por los viajeros y en el que encontramos muy pocos turistas. ¿Te animas a visitar un México más tradicional y menos masificado en la península de Yucatán?

Eso sí, Maní no es muy conocido fuera de México, pero sí lo es en la península. Por dos motivos: porque todo el mundo dice que hacen el mejor poc chuc del mundo y porque tiene el sello de Pueblo Mágico –un reconocimiento a los pueblos más bonitos del país que lucen más de un centenar de municipios en todo México–. También nos contaron que desde la OMT, Organización Mundial del Turismo, han recibido galardones… Date prisa en visitarlo antes de que se haga popular.

Una cosa más, Maní en lengua maya significa “lugar donde todo pasó”. Y es que es uno de los pueblos más antiguos de la península de Yucatán, entre los que siguen habitados, claro está. Hasta aquí se trasladó parte de la población de Uxmal buscando agua… y encontraron un cenote en mitad de lo que hoy es el pueblo.

VISITAR EL EX CONVENTO DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Lo primero que llamó nuestra atención cuando llegamos a Maní fue el edificio del ex convento de San Miguel Arcángel. Ya habíamos pasado por Izamal y nos recordó mucho al convento de San Antonio de Padua. Vale, aquí no hay patio con “muro”, pero los colores ocres, la posición elevada sobre una plataforma –como aquél, este se levantó sobre una plataforma construida por los mayas– y la torre del campanario nos lo trajeron a la memoria.


Lo de “ex convento” se debe a que abandonó esa función a los pocos años de construirse, aunque siguió –y sigue– funcionando como iglesia. Durante la visita, nos explicaron que la población maya local asistía a los oficios desde el césped que hay frente a la iglesia y que solo se les permitía la entrada una vez bautizados –fíjate en la enorme pila bautismal del siglo XVII–. Todavía se pueden ver los restos de algunos frescos en los que se mezclan las tradiciones maya con la religión católica, así como en las caras de los ángeles mayas tallados en la piedra.

A pesar del tamaño del complejo, solo vivían en él cuatro monjes franciscanos en su momento de apogeo.

DESCUBRIR CÓMO HACÍAN MIEL LOS MAYAS EN EL MELIPONARIO U NAAJIL YUUM K’IIN

La población maya de Maní se sometió voluntariamente a los conquistadores, consiguiendo ciertos privilegios que les permitían mantener sus costumbres. Una de ellas era la apicultura. ¿No has oído hablar de las abejas meliponas? Pon atención. Son una raza de abejas sin aguijón –vamos, que no pican–, que “domesticaron” los mayas y que producen una miel con una cantidad de usos medicinales que no te puedes imaginar.

Una de las cosas que hacer en Maní, sin lugar a dudas, es visitar el meliponario U Naajil Yuum K’iin y allá que fuimos. Nos encontramos con Luis Armando Quintal, un antiguo párroco, que hoy se dedica a criar sus abejas meliponas como lo hacían los antiguos mayas, en jobones. Y, ¿qué es un jobón? Un tronco grueso de árbol que se deja hueco y al que se colocan dos tapas de madera a los lados. En su interior vive la colmena, con su abeja reina, y se abre un agujero en el centro por el que las abejas entran y salen. Además, tienen que colocarse de una manera especial: de norte a sur y sobre piedra. Nos contaron que todas estas tradiciones y la forma de trabajar están explicadas en el códice de Madrid –en el Museo de América de Madrid, bueno, en su caja fuerte, aunque puedes verlo aquí– .

Las abejas meliponas estuvieron en peligro de extinción hace unas décadas. Gracias al trabajo en los meliponarios y a las cualidades de su miel, se recuperaron. Hoy, en U Naajil Yuum K’iin tienen más de 450 jobones –uno con 300 años de antigüedad– y producen unos 170 litros de miel por cosecha. Eso sí, con tantas propiedades buenas para la salud y tan poca producción, el litro de miel melipona llega a venderse a ¡1.600 pesos mexicanos! –unos 80 €–.

BAJAR AL CENOTE XCABACHEN PARA RECORDAR SU HISTORIA Y CONOCER SU LEYENDA

Cuando dijimos que Maní era una de las poblaciones más antiguas de la península de Yucatán, mencionamos su cenote. Los habitantes de Uxmal se quedaron sin agua y tuvieron que abandonar su ciudad buscando un lugar más “amigable” para vivir. Y, obviamente, lo encontraron en Maní. Además de una tierra muy fértil –gran parte de la población se sigue dedicando al cultivo de cítricos–, encontraron un cenote, el cenote Xcabachen.

Hay que decir que, después de ver otros cenotes en la península, el cenote Xcabachen puede llegar a decepcionar. Pero es que no se trata de uno de esos lugares espectaculares en donde el agua alcanza profundidades de locura, rodeada por paredes de piedra o incluso en forma de cueva. No, el cenote Xcabachen era una fuente de agua para el consumo de los mayas. Es pequeño, oscuro y está un poco abandonado, pero tiene la importancia histórica de que, gracias a él, se fundó Maní.

Cuenta una leyenda que el fin del mundo comenzará en este cenote cuando una mujer anciana aparezca sobre una piedra en el centro. La única forma de aplacarla será ofreciéndole un bebé recién nacido…

HACERSE UNAS FOTOS DE RECUERDO EN EL JARDÍN MOOTSIL KUXTAL

Por si las calles y la arquitectura colonial de Maní no fueran suficiente buen decorado para tus fotos, también hay un lugar muy especial donde conseguir la imagen perfecta de recuerdo. Se trata del jardín Mootsil kuxtal, «raíz de la vida» en maya. Además de ser un vivero con plantas y flores de la zona –puedes comprarlas para tu jardín–, también cuenta con diferentes espacios decorados para tomarte esas fotos que alegrarán tu Instagram. Columpios, sillas de colores, guirnaldas de flores, pozos, estanques… Date una vuelta y busca tu próxima foto con cientos de likes.

Y OTRAS EN LA CALZADA DEL AMOR (O EN LAS LETRAS DE MANÍ Y LOS CONFIDENTES, SI LO TUYO NO ES EL ROMANTICISMO)

Siguiendo con el aire romántico del jardín Mootsil kuxtal, también tienes que acercarte a la Calzada del amor. Una pequeña calle empedrada que sale de las letras de Maní –si la buscas en Google Maps, es la calle 27–.

Otra foto clásica que no te puedes perder en Maní es en los confidentes, los bancos típicos de Yucatán, que están frente al ex convento de San Miguel Arcángel. Nosotros, incluso llamamos a la hermana gemela de Sara para completar la imagen.

VISITAR LAS TIENDAS DE BORDADO Y EL MERCADILLO DE ARTESANÍA

Mientras paseamos por las calles de Maní, nos encontramos con algunas mujeres que vestían el huipil o hipil, parte del traje tradicional yucateco. ¿Por qué? Porque los bordados del huipil de Maní también son famosos. La artesanía del bordado es otro de los puntos fuertes del pueblo. Acércate a alguna de las tiendas, como Bordados Chuuy Kaaj, o al mercadillo de artesanía en los bajos del ayuntamiento si quieres llevarte un recuerdo a casa en forma de ropa.

PASEAR POR LAS CALLES DE MANÍ Y DESCUBRIR POR QUÉ ES PUEBLO MÁGICO DE YUCATÁN

Por si todo lo que te hemos dicho ya que tienes que hacer en Maní no te hubiera convencido de acercarte a este Pueblo Mágico, todavía queda el plato fuerte: pasear. Sí, porque no hay calle fea, ni edificio que no se merezca una foto en el centro de Maní. Casonas coloniales de colores vivos que relucen al sol yucateco en sucesión, una tras otra. Grupos de niños que juegan en la calle y de familias que charlan o descansan en los bancos de la plaza. La tranquilidad de un pueblo pequeño en el que todos se conocen. Nos recordó un poco a nuestro paso por Mompox en Colombia, aunque aquí no hay mecedoras.

Camina sin rumbo, aunque sí que te avisamos de que el sol pega muy fuerte. Los colores de las casonas ganan mucho con él, pero puedes acabar con dolor de cabeza sin una gorra y con la piel quemada sin protector solar.

COMER UN POC CHUC EN EL KÒ’OOBEN DE MANÍ

Llega el momento de hablar del primer motivo por el que Maní es conocido en México: su poc chuc. Desde Mérida hasta Chetumal –en Quintana Roo–, todo el mundo salivaba cuando mencionábamos que habíamos visitado Maní recordando su poc chuc. Y, ¿dónde comerlo? Pues en Kò’ooben de Maní, un restaurante familiar de comida tradicional yucateca para chuparse los dedos. Dos días comimos allí, porque, aunque el poc chuc es su plato fuerte, tampoco te puedes perder su cochinita pibil, su queso relleno o los antojitos mexicanos.

Nos enseñaron la parte de atrás, donde está la cocina de brasas en la que preparan el poc chuc, los fuegos en los que se calienta el comal de las tortillas hechas a mano, los agujeros en el suelo en donde se entierra la cochinita –sí, se hace de forma tradicional– y el huerto del que salen gran parte de los ingredientes del restaurante. Más kilómetro cero, imposible. Y, si sientes curiosidad, Kò’ooben en maya significa cocina, no puede ser más claro.

HOTELES EN MANÍ: DÓNDE DORMIR

Aunque Maní es un pueblo pequeño –unos 5.000 habitantes–, no deberías dejar pasar la ocasión de relajarte en él. ¿Cuántas veces puedes estar en un Pueblo Mágico sin que haya cientos de turistas a tu alrededor? Por eso te recomendamos dormir en Maní, además de para poder disfrutar del atardecer y de los carritos de marquesitas.

¿Dónde dormir? Nosotros lo hicimos en el Hotel Sac Naj. Habitaciones amplias –enormes casi–, tranquilidad, buena conexión a internet y aparcamiento privado –aunque nosotros llegamos en transporte público–, además de un precio muy ajustado y una ubicación perfecta al lado del ex convento.

MÁS SITIOS DÓNDE COMER EN MANÍ: EL RESTAURANTE-CAFETERÍA HICCUPS

Como no solo de comida yucateca vive el turista –aunque ya hemos dicho que fuimos a comer dos veces a Kò’ooben de Maní–, también probamos un restaurante más internacional en el pueblo. Fuimos a comer hamburguesas al restaurante-cafetería Hiccups. Un acierto en forma de hamburguesa Hiccups –carne de res, huevo, tocino, salsa barbacoa, cebolla y vegetales– y hamburguesa Manicerasirloin con longaniza, queso de Oaxaca, pico de gallo, guacamole y lechuga–.

Además, para rematar, un par de trozos de tarta de chocolate y tarta de zanahoria con unos malteados de vainilla y de chocolate. No es lo tradicional, pero estuvo delicioso también.

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